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El microbioma intestinal en la infancia predice el riesgo de obesidad en la adultez

¿Qué pasaría si pudiera predecir si su hijo pequeño padecerá obesidad en la pubertad, y entonces quizá tomar medidas para asegurarse de que eso no suceda? Una nueva investigación sobre el microbioma intestinal infantil demuestra que sí podría ser posible.

Bebe

Según el reporte de News Medical Life Sciences, los investigadores encontraron una conexión entre los fenotipos del microbioma intestinal en los bebés y niños pequeños y su propensión a tener sobrepeso u obesidad en el futuro. De acuerdo con los científicos, sus prometedores hallazgos podrían ayudar a identificar riesgos en los niños para poder prevenir la obesidad.

 

Parece que diariamente las nuevas investigaciones continúan afirmando que la mejor manera de prevenir los problemas de salud, incluida la obesidad, es solo alimentar--o renutrir--su microbioma intestinal. En este orden de ideas, ya sabemos que sí hay una gran diferencia entre alimentar a un bebé con biberón o amamantarlo.

Por ejemplo, la fórmula infantil provoca cambios en las bacterias intestinales, en los que proliferan las bacterias que se suelen encontrar en niños mayores y adultos, lo cual aumenta el riesgo de obesidad de los bebés. Esta es una de las razones por las que promuevo la lactancia materna durante al menos seis meses, si es posible.

Otro factor desencadenante de la obesidad infantil es la cantidad de azúcar que consumen--de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el 99 % de los niños de entre 1 y 2 años de edad comen 7 cucharaditas de azúcar añadida al día. En comparación con los adultos, ¡este porcentaje es aún mayor que el nivel superior considerado seguro para los adultos!

Para evitar alimentar a sus hijos con exceso de azúcares--algunos de los cuales ni siquiera se percata de que se los está dando--la American Heart Association recomienda evitar que los niños menores de 2 años consuman cualquier alimento con azúcar añadida, incluidos los cereales, productos horneados, postres y yogur listos para comer.

Por ejemplo, cuando se trata de azúcares ocultos, detrás de una sola porción de yogur con fruta puede haber hasta 6 cucharaditas de azúcar; una porción de 8 onzas de jugo de manzana o jugo de naranja contienen 5.5 cucharaditas de azúcar. Una taza de frutas secas también puede contener hasta 21 cucharaditas de azúcar.

La conclusión es que no hace falta decir que sin importar si se trata de un adulto o un niño, una de las maneras más fáciles de apoyar o perjudicar su microbioma es a través de su alimentación. Sobre todo en los niños, ya que investigaciones previas han confirmado que los alimentos que comen los pequeños, afectan su microbioma intestinal y en consecuencia, su sistema inmunológico y peso.

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